A ti, que dices que en Andalucía no sabemos hablar

Antier me entró un jamacuco enorme al ponerme a bichear tus opiniones sobre el supuesto andaluz. Hay que ver el bajío que tenemos en esta tierra, que los chaveas de otros sitios siempre meten bulla estereotipando. Que no todos somos el típico gachó que se pasa el día en una casapuerta mientras le da buchitos a una litrona y se rasca el cayetano.

Que te empeñas en creer que eres más que yo y que los míos y no es así. Que nos entran ganas hasta de darte un cosqui, a ver si así aprendes. Quillo, que las cosas no son como tú las pintas, que parece que no te coscas… Si aquí somos hasta más inteligentes, que yo le digo a cualquiera que se lleve un de esto para allá y sabe qué tiene que llevar y a donde. Tampoco me voy a poner muy pejiguera, que es cierto que te puedes encontrar a algún sieso en cualquier sitio, lo mismo haciendo los mandaos que montado en una paquetera. Y, algunos, podemos ser una mijita jibias, no me voy a hacer el longui.

Pero te aseguro que una vez que pises Andalucía, vas a querer quedarte clavado como un espiche en cualquiera de las ocho provincias que nos conforman. Te vas a hartar de andar, tanto que vas a acabar con bojas en los pies. Y te vas a encontrar a gente trabajando. Por ejemplo, para servirte a ti un montadito de pringá y un cartucho de bienmesabe, gracias a los cuales acabarás con una talega curiosa. Lo suyo es que nos visites en estas fechas, que aunque te creas que aquí siempre está el sol fuera, te pueden coger dos o tres nubes malajes y ponerte pipando.

Puedes seguir ahí, hablando desde la ignorancia. Pero si has llegado a entender el texto, yo soy tú, rompo la alcancía y me vengo para acá.

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