Vaivenes en la Castellana

Tantas veces ha sonado la frase ‘el fútbol no tiene memoria’ que da para reflexionar en cada una de sus palabras. Más que práctico es el ejemplo del Real Madrid y la montaña rusa de sensaciones que están experimentando sus aficionados durante la temporada 2014/15. El recuerdo de una estupenda temporada en la que, tras años de espera, se conseguía la ansiada Décima y algunos inesperados tropiezos provocaban un oleaje de pesimismo y exigencia que se calmaba a base de goleadas y victorias en partidos claves, como la del Clásico de ida.

Trece victorias consecutivas, después de perder el derbi de la capital, hacían del Madrid el equipo invencible que veía reflejada la igualdad entre rendimiento e inversión. El punto y final a un año mágico no podía ser otro que la victoria en el Mundialito de Clubes. Casillas recobraba protagonismo y era de nuevo guardián de la portería. El debate Messi – Ronaldo en la lucha por el Balón de Oro tomaba acento portugués y a la competencia se sumaban otros compañeros de equipo. Sergio Ramos, como mejor central del mundo. No era para menos, una cabeza clave para alzar trofeos. Y qué decir del capitán del barco. La hinchada merengue lograba encontrar en Carlo Ancelotti la figura de entrenador que, al fin, encajaba en la idiosincrasia del club.

Y justo en este punto es donde entra la máxima de la memoria. Los que tanto eran a finales del 14, pasaron a ser tan poco al llegar el invierno. La ausencia obligada de Modric, las individualidades de Bale, la amargura en el Calderón y un final de infarto ante el Schalke, factores claves en un nerviosismo acentuado por la notable mejoría que experimentaba gradualmente el Barça de Luis Enrique. El portero, de nuevo, más cerca de las críticas que de los halagos, y sin término medio. La incuestionable mano del técnico pasaba a ser una parte falta de severidad. Los jugadores, no serían menos, llegándose a cuestionar la calidad de aquellos que dos meses atrás no tenían rival alguno.

Y, por si algunos no estábamos lo suficientemente mareados intentando adivinar si son buenos o malos, no se les ocurre otra cosa que meterle 9 al Granada en el primero de los diez partidos que quedan para que acabe la Liga. Hoy, todos vuelven a ser ángeles. Si no se logra dar caza al líder, ¿quién será el demonio?

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